Estado: Esperando
Hay constancia de que la contaminación atmosférica ambiental y el ruido del tráfico rodado son factores de riesgo de ictus, sin embargo, la evidencia sobre sus posibles efectos conjuntos sigue siendo limitada. Los ciudadanos suelen estar expuestos simultáneamente tanto a la contaminación del aire como al ruido del tráfico rodado, ya ...
Hay constancia de que la contaminación atmosférica ambiental y el ruido del tráfico rodado son factores de riesgo de ictus, sin embargo, la evidencia sobre sus posibles efectos conjuntos sigue siendo limitada. Los ciudadanos suelen estar expuestos simultáneamente tanto a la contaminación del aire como al ruido del tráfico rodado, ya que estos contaminantes comparten fuentes comunes asociadas con el tráfico.
Sin embargo, la mayoría de los estudios se han centrado en modelos de exposición única, y escasean aquellos que han evaluado el posible efecto entre estas exposiciones."Constatar asociaciones claras, incluso a niveles relativamente bajos, indica que los límites de exposición actuales podrían no ser suficientes para proteger la salud pública. , afirman Huyen Nguyen Thi Khanh y Jeroen de Bont , autores de un estudio realizado en el Instituto de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska (Suecia).
El estudio, publicado en la revista 'Environmental International' , analizó datos de 136.897 adultos en Suecia, Dinamarca y Finlandia. Los resultados muestran que un aumento de 5 µg/m³ en la contaminación atmosférica (P M2.5 ) aumenta el riesgo de ictus en un 9 %, mientras que un aumento de 11 dB en el ruido del tráfico lo incrementa en un 6 %.
Al combinar ambos factores, el riesgo puede ser aún mayor. Por ejemplo, en zonas más tranquilas (40 dB), un aumento de PM2.5 se relacionó con un incremento del 6 % en el riesgo de accidente cerebrovascular, pero en zonas más ruidosas (80 dB), el mismo aumento de PM2.5 elevó el riesgo en un 11 %, aunque este resultado no fue estadísticamente significativo.
Según estos expertos, se necesitan regulaciones más estrictas para reducir la exposición a la contaminación y al ruido del tráfico y disminuir el riesgo de accidente cerebrovascular y otras enfermedades El próximo paso consiste en estudiar cómo el cambio de residencia a áreas con mayor o menor exposición a la contaminación del aire y al ruido afecta el riesgo cardiovascular, así como también cómo la contaminación del aire interactúa con otros factores urbanos para influir en las enfermedades cardiovasculares.
Los investigadores consideran que estos hallazgos pueden ayudar a los responsables políticos a asignar recursos de forma más eficaz. Al centrarse en las zonas donde las personas están expuestas a altos niveles de contaminación atmosférica y ruido, las autoridades pueden reducir significativamente la incidencia de accidentes cerebrovasculares y mejorar la salud pública.