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Marta Mundet Tarragó, farmacéutica comunitaria en Barcelona, ha desmontado los mitos más frecuentes relacionados con el dolor agudo en el Espacio Ágora de Infarma 2025. Durante su intervención, ha recordado que el dolor es una de las consultas más frecuentes en la oficina de farmacia, y su abordaje adecuado es ...
Marta Mundet Tarragó, farmacéutica comunitaria en Barcelona, ha desmontado los mitos más frecuentes relacionados con el dolor agudo en el Espacio Ágora de Infarma 2025. Durante su intervención, ha recordado que el dolor es una de las consultas más frecuentes en la oficina de farmacia, y su abordaje adecuado es clave para evitar su cronificación y afectaciones en el sistema nervioso central. Para ello, es fundamental no solo aliviar el síntoma, sino también identificar y tratar su causa.
En este sentido, los farmacéuticos desempeñan un papel esencial en la evaluación y tratamiento del dolor, siendo imprescindible identificar el tipo de dolor (dependiendo de su duración, el dolor puede ser agudo, subagudo o crónico), determinar el tratamiento adecuado, tanto farmacológico como no farmacológico, y reconocer cuándo es necesario derivar al paciente al médico.
Así, el dolor agudo puede clasificarse según su localización (dental, cefalea, musculoesquelético, menstrual) y su relación con la inflamación. Los dolores inflamatorios, causados por traumatismos, infecciones o lesiones, presentan signos como hinchazón, enrojecimiento y/o calor local, provocando dolor pulsátil o punzante que suele empeorar con el movimiento o con la presión. Responden bien a los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).
Por su parte, los dolores no inflamatorios están relacionados con factores mecánicos, tensionales o nerviosos y se caracterizan por la ausencia de hinchazón, de enrojecimiento o de calor, siendo un tipo de dolor más sordo y opresivo, relacionado con la tensión muscular o irritación. Responden bien a tratamientos analgésicos, anestésicos locales y relajantes musculares.
Tratamiento
Para hacer frente el dolor existe terapia farmacológica y terapia no farmacológica. En cuanto a la primera, encontramos los analgésicos tipo ácido acetilsalicílico (AAS), ibuprofeno, dexketoprofeno y naproxeno. El paracetamol es otro tipo de analgésicos y, ampliando el arsenal terapéutico también se puede optar por anestésicos locales como la lidocaína o benzocaína. En todos los casos, se recomienda emplear la dosis mínima efectiva.
Sin embargo, Mundet ha hecho hincapié en que, además de la terapia farmacológica, existen tratamientos no farmacológicos a tener en cuenta y que, a su vez, proporcionan un gran valor añadido al farmacéutico. Ejemplo de ello es la técnica RICE -rest (reposo), ice (hielo), compression (compresión) y elevation (elevación)-, adecuada en las primeras 24-48 horas de una lesión para reducir la inflamación. Posteriormente es muy recomendable poner en práctica la técnica MEAT -movement (movimiento), exercise (ejercicio), analgesia (analgesia) y treatment y (tratamiento)-, que favorece la recuperación activa y fortalece la zona afectada para prevenir recaídas.
Mitos
Finalmente, Marta Mundet ha repasado tres mitos muy extendidos sobre el dolor. Uno de ellos es la creencia de que el paracetamol es la mejor opción para tratar el dolor de cabeza causado por la resaca, cuando en realidad puede aumentar el riesgo de hepatotoxicidad al interactuar con el alcohol. Otro mito es el uso prolongado de ibuprofeno en esguinces, ya que su consumo excesivo puede interferir con la regeneración natural de los tejidos. Por último, es importante diferenciar entre el uso de frío y calor para el dolor de espalda: el frío es útil para inflamaciones, esguinces y dolores agudos, mientras que el calor ayuda en contracturas y rigidez muscular, recomendándose aplicarlo durante un máximo de 20 minutos.
En definitiva, ha recordado Mundet, el farmacéutico, con su conocimiento y asesoramiento, es clave en la educación sanitaria del paciente y en la correcta gestión del dolor, ofreciendo tratamientos efectivos y seguros.